Bajo Cero

Todo comenzó con el sueño de don Edgar que hace 46 años se instaló en la esquina de Roca y Santa Fe, primero para vender los recordados helados Laponia y, luego, para elaborar sus propios productos bajo el nombre de Bajo Cero.
Veinte años después llegó el tiempo de crecer. La fábrica se trasladó a Vélez Sarsfield al 200 y a la inauguración de la sucursal de Córdoba y España le siguieron 13 nuevas bocas de expendio propias y tercerizadas en la ciudad y el Gran Rosario.
Y desde hace dos años, los hacedores de Bajo Cero vienen trabajando para renovar la imagen de la marca y la organización de ventas. El próximo reestreno será en San Lorenzo, mientras esta empresa familiar prepara la apertura de un nuevo local en Ciudad Ribera.
“La idea es crecer con esta nueva imagen, mejorar la atención, el servicio, el packaging, con la misma calidez y calidad que merece el producto”, explica Cristian Cacciabue, dueño de la marca.
“El cambio fue rotundo, de 180 grados y para bien”, afirma con la convicción de ofrecer un producto de excelencia. Y los describe: “Tenemos postres, helados suizo, escocés, almendrado, tortas y el candy, quizás el producto más conocido”.
Comenta que Bajo Cero tiene ofertas específicas para fechas especiales, como la rosca helada de Semana Santa, pan dulce helado para Navidad, la torta helada en barra para el Día de la Madre y productos para celíacos “que ahora vamos a lanzarlos envasados”. Y la gran novedad: un happy hour de helados todos los días de 18 a 21.
Más allá de los helados, Cacciabue sabe que vende “un buen momento, el producto es la excusa” y apuesta: “En contraposición a una esquina tan transitada, lo ideal es generar un microclima con buena música, un perfume identificatorio, con aire acondicionado o calefacción, con TV pero sin Crónica ni TN y wi-fi”. Y cierra: “Queremos que la gente esté cómoda, sentada, segura”.

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